Despedida sin palabras, sin miradas

Diego y Helena trabajaban en una oficina del microcentro. Ambos eran arquitectos y compañeros de trabajo desde hace cinco años.

Esa tarde estaban juntos en el comedor de la oficina. Diego se sirvió un café con leche y azúcar. Nerviosamente revolvió, con la cuchara, la infusión. Al mismo tiempo Helena preparaba té y miraba a Diego de reojo. El bebió el café y dejo la taza en la mesada. Unos minutos mas tarde, él encendió un cigarrillo y comenzó a jugar. Hizo aros con el humo. Mientras dejaba caer la ceniza en un cenicero de lata. Ella termino su té y leía una revista, Living. No dejaba de buscarlo con la mirada. En el silencio del comedor, Helena interrumpió, preguntando sobre el tiempo. “Frío” contestó él, sin prestar demasiada atención.

De repente, sin mediar palabra, ni mirada, Diego se levantó. Se puso el sombrero y el impermeable. Afuera llovía, pero nunca hablaron de eso en su charla acerca del clima.

Entonces, se fue bajo la lluvia sin decir nada y tampoco sin mirar atrás. Helena se cubrió la cara con las manos y empezó a llorar. Los espasmos la hacían temblar.

Ese era el último día de trabajo de Diego. Y esa había sido la despedida. Sin palabras, sin miradas.

 

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