La mayoría es buena gente

Este post fue inspirado en las lindas palabras que me hizo leer Iván Dawidwoski

Alguna vez me preguntó mi madre: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comenzar a vivir?, ¡porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez!.
Mi madre creía que que el día del Juicio Final el Señor no nos juzgará uno por uno -ardua tarea- sino el promedio, y si juzga el promedio estamos salvados porque la mayoría es buena gente.
El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso -una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida.
Diría mi madre: Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio.
Facundo Cabral

Una buena resolución

Cuando uno esta seguro de lo quiere, se lo muestra al mundo. O la actitud de uno demuestra como es y lo que quiere.
Hace un tiempo atrás, yo no me quería nada. Pensaba que todo lo que hacía estaba mal, que nadie quería estar conmigo y así transitaba por la vida. Escondida detrás de todos sin decir nada y esperando que todo sucediera por arte de magia. No salía a buscar nada, total a mi no se me iba a dar.
Un día, me desperté con la siguiente resolución: “En esta vida, nadie nos regala nada. Te van a tratar igual que como te tratas, mal. Salí al mundo y demostrale lo que sos y cuanto valés.”
Desde esa mañana, empecé a resurgir como el ave Fenix. Terminé de rendir mis materias de la facultad, con excelentes notas. Me puse de novia, con un hombre maravillo. Me empecé a cuidar la imagen, y estoy más linda que nunca. Estoy terminando mi tesis de grado, tengo una oferta laboral y me voy a mudar a vivir una nueva aventura.
No es mágico. Pero todo empezó con una buena resolución. Intentalo.

“Virtudes inconscientes” Gaya ciencia-Nietzsche

Todas aquellas cualidades de las que tiene conciencia un hombre -sobre todo cuando presupone que son también visibles y evidentes a los de su entorno- se hallan sometidas a unas leyes de la evolución totalmente distintas a las cualidades que ignora o que desconoce y que escapan, incluso, a los ojos del observador más riguroso, en virtud de su estrechez, pudiendo quedar disimuladas como si no existieran. Lo mismo sucede con las finas “esculturas” que hay en las escamas de los reptiles; sería un error tomarlas por un adorno o un arma -pues no se las distingue más que por el microscopio, es decir, mediante una agudeza artificial que no poseen los animales de la misma especie, para quienes serían un adorno o un arma-. Nuestras cualidades morales visibles, más aún, las que creemos visibles, siguen su camino, mientras que las cualidades invisibles de igual denominación y que, respecto a las otras, no son para nosotros ni adorno ni arma, siguen también su camino; un camino totalmente diferente, con líneas, matices y contornos que tal vez harían las delicias de un dios que dispusiera de un microscopio divino. Poseemos, por ejemplo, celo, ambición, perspicacia… Eso todo el mundo lo sabe. Pero, además, es probable que tengamos nuestro celo, nuestra ambición, nuestra perspicacia y sucede que para distinguir unas escamas de reptil como las nuestras, no se ha inventado aún el microscopio. Aquí los partidarios de la moral instintiva dirán: “¡Bravo! Por lo menos se acepta la posibilidad de que tengamos virtudes inconscientes, ¡con eso basta!” Qué modestos son.

Te amo

Te amo porque me das lo que necesito.
Te amo porque me das lo que no sabía que necesitaba.
Te amo por ser vos.
Te amo por ser mi complemento.
Te amo por enseñarme a ser yo.
Te amo por enseñarme a superarme.
Y te amo porque si.

“Sonatina” Rubén Darío

La princesa está triste…¿ qué tendrá la princesa ?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina la dueña dice cosas banales
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vana ilusión.

¿ Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las rosas fragantes
o en el que es soberano de los claros diamantes
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡ Ay !, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡ Pobrecita princesa de los ojos azules !
¡ Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jáula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal !

¡ Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida !
( La princesa está triste, la princesa está pálida )
¡ Oh visión adorada de oro, rosa y marfil !
¡ Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
( La princesa está pálida, la princesa está triste )
más brillante que el alba, más hermoso que abril !

¡ Calla, calla princesa – dice el hada madrina -,
el caballo con alas hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte
y que llega de lejos, vencedor de la muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor